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    Música y movimiento


    Uno de los aspectos más enriquecedores de la práctica musical es su capacidad para potenciar la autoestima. Por eso figura como uno de los objetivos principales del proyecto educativo es a través de ejercicios y juegos de percusión corporal, de entonación o de sensibilización musical les planteamos una serie de pequeños retos, adaptados al nivel cognitivo del niño y a su capacidad de desarrollo sensorial y psicomotor. Su realización tiene un efecto positivo inmediato: la satisfacción personal por sentirse capaz de entonar la canción o de reproducir un patrón rítmico con su propio cuerpo, a la vez que refuerza la seguridad en sí mismos al verse capaces de contribuir a la creación de la pieza musical que surge del ejercicio, de forma colectiva.



ritmo


Aprender y ejecutar música ejercita nuestro cerebro, a la vez que forma y fortalece las conexiones entre las neuronas (la sinapsis).

musica

        No hace falta ser un intérprete consumado; es suficiente con reproducir un patrón rítmico con un instrumento de pequeña percusión o incluso con nuestro propio cuerpo. En ese proceso entran en juego diferentes sistemas que dependen de la actividad sináptica: sistemas sensoriales y perceptuales (auditivo, visual, táctil y quinestésico), sistema cognitivo y simbólico, la coordinación psicomotriz fina y gruesa de nuestros músculos, la retroalimentación y evaluación de las acciones, el aprendizaje y la memoria y, finalmente, el sistema motivacional y del placer.

        Está comprobado que desarrollar algún tipo de actividad musical, activa el cerebro, pues éste segrega dopamina, una sustancia relacionada directamente con estados placenteros y de satisfacción personal. Además del beneficio sobre el estado de ánimo, la dopamina es uno de los componentes fundamentales en el proceso neuronal (la formación de conexiones entre células cerebrales) en los primeros años de vida del niño.



Sabemos que las personas con algún tipo de experiencia musical muestran un mayor nivel de actividad neuronal, especialmente en los centros de emoción y de recompensa del cerebro, cuando escuchan música.


        Más allá de toda la base neurológica y cognitiva, se encuentra el componente emocional. En estas cuatro semanas de clase, los alumnos aprenden gran cantidad de cosas: a través de la exploración de los sonidos de su propio cuerpo y de los ejercicios de percusión corporal (con los que trabajamos la lateralidad y la independencia psicomotriz), logran crear patrones rítmicos (como el ritmo de una batería en un tema pop). Consiguen expresarse a través del ritmo o del canto es la frase con la que empezamos la clase de primaria, invitando a cada niño a que conteste con un ritmo, una melodía, un sonido. Los más pequeños ejercitan el control y el uso de la voz mediante canciones (en español y en inglés) y manejan instrumentos de pequeña percusión, que utilizan para improvisar y contar historias en las que cada instrumento es un personaje. Los mayores ejercitan la composición, creando patrones rítmicos que luego ellos mismos interpretan, a través de un sistema que, además de enseñarles lenguaje musical de forma divertida, estimula sus inteligencias lógico-matemática y espacial.



bateria